A quienes venís de fuera y vais a pasar unos días por aquí, os recomendamos guardar un rato para pasear por Durango. Una villa pequeña, fácil de recorrer a pie y con mucha historia entre calles, plazas y soportales.
Un buen plan es empezar por el Casco Viejo, acercarse a la Basílica de Santa María de Uribarri y quedarse un momento bajo su espectacular pórtico de madera, siendo el más grande sin columnas de Europam es uno de los rincones más especiales de la Durango. Muy cerca está el Ayuntamiento, con su fachada pintada, y siguiendo el paseo se llega al Arco de Santa Ana, la única puerta que se conserva de la antigua muralla de la villa.
Durango también conserva memoria de su historia más reciente. El bombardeo del 31 de marzo de 1937 dejó huella en la villa, y todavía pueden verse marcas y lugares vinculados a aquel episodio. Para quien quiera conocer esa parte con más calma, el Museo de Arte e Historia y los recorridos sobre las huellas del bombardeo son una buena opción.
Y si os apetece naturaleza, Durango está a un paso del Parque Natural de Urkiola, perfecto para una escapada entre montañas, o simplemente para entender por qué aquí siempre miramos al horizonte con Anboto de fondo.
Nuestra boda coincide con las fiestas de San Fausto. Durante estos días el pueblo se llena de música, cuadrillas, txosnas, ambiente en la calle y muchas ganas de celebrar. El programa cambia cada año, pero San Fausto suele traer conciertos, actividades populares y planes para todas las edades.
Además, el día de la boda es día de disfraces, así que al volver del restaurante… la fiesta continúa. Quien quiera alargar la noche, que venga con ganas de bailar, mezclarse con el ambiente y vivir Durango en uno de sus días más divertidos.